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lunes, 3 de octubre de 2011

Sleepers: Anna Torv

Sleeper: dícese de aquellas películas dormidas que despiertan una vez llegan a la cartelera, de pequeñas dimensiones, y que se hacen grandes porque el público las recomienda. El Club Silencio aprovecha la coyuntura y dedica una sección a los mejores Sleepers interpretativos de la tele.
Anna Torv es un Sleepers cantado. Y me ahorro lo de que es una de las mejores actrices que se pasean por la parrilla catódica actual porque respecto a eso no hay nadie que me tosa. Pocas hay que se merezcan un Emmy, un evento de Facebook para peregrinar al set de rodaje y una pancarta con su foto en cada puente de la M-30 como la Olivia Dunham over here (la de fuera de la pantalla, digo). Y es que no se puede ser más profesional, más simpática, tener una sonrisa más encantadora, y a la vez estar tan olvidada por los que se encargan de repartir los méritos televisivos como ella. Pero por algo se dice eso de que mejor solo que mal acompañado; el amor del público más allá de las condiciones de premios y buenas críticas es a lo que se debe el actor… Y en eso, Anna Torv gana por goleada.

Mucho habrá tenido que currárselo ese físico deslumbrante y esa voz que llena la pantalla de carisma para pasar así de desapercibida. Esta australiana de raíces estonias que odia que le recuerden que es medio sobrina de Rupert Murdoch lo ha tenido difícil para saltar al mainstream estadounidense y darse por fin a conocer al público internacional después de haber dado el callo en el prime time de su tierra natal en los años más mozos de su carrera. Con poco más de 20 años debutó en el policial australiano Young Lions y algún que otro filme para televisión hasta que en 2004 consiguió uno de los papeles protagonistas de la cuarta temporada de la Friends de las antípodas, que se dice pronto. “Solía ser cínica respecto al amor cuando era más joven, y eso me sirvió para entender el espíritu de The Secret Life of Us”.

Y así fue cómo Anna Torv se estrenó por las prometedoras tierras británicas. Serie de culto en Reino Unido, su papel de Nikki en The Secret Life of Us (Vidas Secretas en España) fue la excusa perfecta para que apareciera años más tarde en Mistresses, ya como una de las apuestas imprescindibles tras ser premiada por la asociación Australians in Films… Esos sí que son paisanos con buen ojo. La participación de Torv en esta ficción inglesa de 2008, de grandes críticas pero maldita en su comparación eterna con Sexo en Nueva York, fue el trampolín para su posterior adopción por parte de los yanquis, con reto profesional para la susodicha incluido: “Cuando tienes que interpretar a un personaje gay lo normal es pensar ‘ella es homosexual, y tendría que hacer esto o esto otro’, pero realmente tiene relaciones tan normales como el resto”. 

Pero para reto en condiciones, que le pregunten a Anna por Olivia Dunham. No contenta con llevar el peso de la serie a sus espaldas, la Torv se ha atrevido con ella misma, su homóloga evil, la Olivia futurible y la Dunham poseída por el mismísimo Leonard Nimoy en la última temporada. Pero ya se sabe que todo lo bueno se acaba y lo más duro es que, a las puertas de la cancelación definitiva de la serie, la prota de Fringe no ha hecho público nada acerca de posibles proyectos. ¿Habrá vida después de Olivia Dunham? Puede que Anna Torv sea una actriz de papeles modestos y puede que su experiencia pueda abarcarse casi con los dedos de una mano, incluso puede que dejemos de verla en las pantallas durante un tiempo, pero será inolvidable por ser de ésas que han hecho grande una ficción sólo con su presencia. Y si eso no es ser una actriz como la copa de un pino, que baje Dios y lo vea.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Sleepers: Romola Garai

Sleeper: dícese de aquellas películas dormidas que despiertan una vez llegan a la cartelera, de pequeñas dimensiones, y que se hacen grandes porque el público las recomienda. El Club Silencio aprovecha la coyuntura y dedica una sección a los mejores Sleepers interpretativos de la tele.

¡Qué fácil parece reivindicar a Romola Garai como uno de los bombazos televisivos del último año! Y no valen excusas; liderar los dos proyectos más arriesgados a la vanguardia de la factoría catódica de la BBC (y eso que la BBC ya es de por sí televisión de vanguardia) y hacerlo de matrícula de honor no es motivo para desmerecer el trabajo de toda una década. The Crimson Petal and the White y The Hour son sólo la guinda de su pastel laboral. De Garai dice François Ozon que es su musa; The Observer, que encarna la diferencia entre superactuar y sobreactuar; y ella, cuando le preguntan, dice que “Hollywood seguía ahí la última vez que miró”. Y es que esta chica juega en una liga claramente superior a las demás; Romola Garai se merece un Sleepers como Dios manda.

Lo de esta actriz de familia judía, padres británicos, nacida en Hong Kong y criada en Singapur (what the fuck!) sí es la televisión. El salto profesional de Romola una vez que sus padres se dignaron a hacer aparición por el Reino Unido vino de la mano de BBC y HBO, en la aclamada The Last of the Blonde Bombshells (2000), interpretando al personaje de Judi Dench en la juventud. Con 18 añitos, decidió que lo suyo era dejar a las demás del casting a la altura del betún: “Cuando era pequeña, siempre quería divertir y complacer a mi familia. ¿Y cómo no? No puedes ser actor si no deseas experimentar tus emociones en público”. Gracias a Nicholas Nickleby (2002), su primer papel cinematográfico, fue elegida por la BIFA como la actriz más prometedora del año. Qué ojo tiene esta chica.

Aun así, un patinazo lo tiene cualquiera; Romola Garai recibió las primeras críticas tibias por Dirty Dancing 2: Havana Nights (aunque haya muerto cinematográficamente, hacer sombra a Jennifer Grey es complicado) y La feria de las vanidades, su debut yanqui. Reconoce que “fue un error ser calculadora con su carrera, creyendo que debía hacer determinadas cosas para llegar más lejos; fue creativamente frustrante”. Sus trabajos a partir de 2005 le permitieron poner buena cara al mainstream, y de qué manera: François Ozon la eligió para Angel, una Scarlett O´Hara a la francesa con la que Garai dejó en enaguas a Vivien Leigh, y Joe Wright la quiso para la Elizabeth Bennet de Orgullo y prejuicio, aunque finalmente le concedió el papel más jugoso de Expiación, Briony Tallis. 

La carrera más reciente de Romola Garai parece un intento constante de sacudirse el desencanto del blockbuster: “A veces lo hago bien en términos de lo que a la gente le gusta y otras lo hago mal en términos de lo que a la gente no le gusta, pero siempre intento hacer aquello que me permite mejorar como actriz”. Y es que ella se siente más cómoda en los retos de teatro británico (interpretó a Cordelia de El rey Lear por toda Europa en 2008), cine independiente (apareció en Glorius 39 al lado de Julie Christie y Christopher Lee) y televisión (su premiadísima actuación en la adaptación de Emma), trabajos que le permiten una penetración lenta pero de calidad en la industria audiovisual, y en el imaginario de la gente. Porque ya la conocíamos antes de saberlo... Pueden ir Meryl Streep y Kate Winslet haciendo hueco en el podio, que llega Romola Garai.

viernes, 19 de agosto de 2011

Sleepers: Rose Byrne

Sleeper: dícese de aquellas películas dormidas que despiertan una vez llegan a la cartelera, de pequeñas dimensiones, y que se hacen grandes porque el público las recomienda. El Club Silencio aprovecha la coyuntura y dedica una sección a los mejores Sleepers interpretativos de la tele.

Rose Byrne es la protagonista del primer Sleepers de El Club Silencio, dedicados a aquellos actores y actrices seriéfilos infravalorados que tienen un huequecito en mi corazón por méritos propios… Y ella lo es con todas las de la ley. Y es que estoy harto de oírlo: Rose Byrne no es una joven promesa. Rose Byrne es una actriz de tele y cine consagrada, y no porque lleve décadas en el negocio con decenas de proyectos detrás, sino porque lo poco que ha hecho ha sido impecable, con el reconocimiento de la crítica out of mainstream y algún premio gordo que ya quisieran muchas veteranas… Y haberse cepillado cinematográficamente a Brad Pitt también es algo que a muchas les molaría decir. Pues sí, Rose lo ha hecho, envidiosas.

2011 ha sido su año más blockbuster: X-Men: Primera generación, Insidious y La boda de mi mejor amiga. Y aunque gracias a esto podemos verla en portada día sí y día también, Byrne es muy consciente de lo que le debe a la parte menos visible del audiovisual; véase la tele y el cine indie: “me veo más como una actriz con personalidad que como famosa”. Y es que esta australiana de 32 años lleva más de 15 delante de una cámara; en 1994, en plena adolescencia, debutó en Dallas Doll, producida en su país natal, y participó en varios proyectos televisivos (sí, la mitiquísima Los rompecorazones) años antes de protagonizar The Goddess of 1967 (en España La diosa del asfalto), gracias a la que se agenció la Copa Volpi a la mejor actriz de Venecia 2000. Con 21 añitos, que se dice pronto.

Quién le iba a decir a esta pequeña de cuatro hermanos criada en un barrio humilde de Sidney que, además, Lucas la ficharía para Star Wars: El ataque de los clones. Y pese a que posteriormente se ha mantenido a la sombra de actrices como Natalie Portman, Keira Knightley o Diane Kruger, Byrne se ha manifestado siempre afortunada de tener un guión entre manos: “Ser una actriz en activo es increíble, porque el 99 por ciento de los actores está fuera del sistema. Conozco a mucha gente con talento, mejores actores que yo que no han tenido su oportunidad”. Aun así, es innegable que Rose ha sabido aprovechar al máximo sus modestos papeles bajo la tutela de Petersen (Troya), Coppola (María Antonieta) o Boyle (Sunshine). 

Pero más allá de festivales y taquillazos cinéfilos, Rose Byrne debe a Damages una de sus mejores interpretaciones y el respaldo de la crítica en nominaciones varias a Emmy y Globos de Oro; además de nuestro amor incondicional, por supuesto. Y aunque no es su primer proyecto televisivo importante (trabajar en una miniserie de época de la BBC como Casanova es todo un trampolín, y si no que se lo digan a Romola Garai), es Ellen Parsons quien nos permite disfrutar semanalmente de la australiana. Y es que parece que a Rose no le importa lo más mínimo llevar cuatro temporadas a la sombra de Patty Hewes… Sólo una actriz experta y entregada como ella sería capaz de empatarle el pulso interpretativo a la mismísima Glenn Close.