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viernes, 9 de septiembre de 2011

Sleepers: Romola Garai

Sleeper: dícese de aquellas películas dormidas que despiertan una vez llegan a la cartelera, de pequeñas dimensiones, y que se hacen grandes porque el público las recomienda. El Club Silencio aprovecha la coyuntura y dedica una sección a los mejores Sleepers interpretativos de la tele.

¡Qué fácil parece reivindicar a Romola Garai como uno de los bombazos televisivos del último año! Y no valen excusas; liderar los dos proyectos más arriesgados a la vanguardia de la factoría catódica de la BBC (y eso que la BBC ya es de por sí televisión de vanguardia) y hacerlo de matrícula de honor no es motivo para desmerecer el trabajo de toda una década. The Crimson Petal and the White y The Hour son sólo la guinda de su pastel laboral. De Garai dice François Ozon que es su musa; The Observer, que encarna la diferencia entre superactuar y sobreactuar; y ella, cuando le preguntan, dice que “Hollywood seguía ahí la última vez que miró”. Y es que esta chica juega en una liga claramente superior a las demás; Romola Garai se merece un Sleepers como Dios manda.

Lo de esta actriz de familia judía, padres británicos, nacida en Hong Kong y criada en Singapur (what the fuck!) sí es la televisión. El salto profesional de Romola una vez que sus padres se dignaron a hacer aparición por el Reino Unido vino de la mano de BBC y HBO, en la aclamada The Last of the Blonde Bombshells (2000), interpretando al personaje de Judi Dench en la juventud. Con 18 añitos, decidió que lo suyo era dejar a las demás del casting a la altura del betún: “Cuando era pequeña, siempre quería divertir y complacer a mi familia. ¿Y cómo no? No puedes ser actor si no deseas experimentar tus emociones en público”. Gracias a Nicholas Nickleby (2002), su primer papel cinematográfico, fue elegida por la BIFA como la actriz más prometedora del año. Qué ojo tiene esta chica.

Aun así, un patinazo lo tiene cualquiera; Romola Garai recibió las primeras críticas tibias por Dirty Dancing 2: Havana Nights (aunque haya muerto cinematográficamente, hacer sombra a Jennifer Grey es complicado) y La feria de las vanidades, su debut yanqui. Reconoce que “fue un error ser calculadora con su carrera, creyendo que debía hacer determinadas cosas para llegar más lejos; fue creativamente frustrante”. Sus trabajos a partir de 2005 le permitieron poner buena cara al mainstream, y de qué manera: François Ozon la eligió para Angel, una Scarlett O´Hara a la francesa con la que Garai dejó en enaguas a Vivien Leigh, y Joe Wright la quiso para la Elizabeth Bennet de Orgullo y prejuicio, aunque finalmente le concedió el papel más jugoso de Expiación, Briony Tallis. 

La carrera más reciente de Romola Garai parece un intento constante de sacudirse el desencanto del blockbuster: “A veces lo hago bien en términos de lo que a la gente le gusta y otras lo hago mal en términos de lo que a la gente no le gusta, pero siempre intento hacer aquello que me permite mejorar como actriz”. Y es que ella se siente más cómoda en los retos de teatro británico (interpretó a Cordelia de El rey Lear por toda Europa en 2008), cine independiente (apareció en Glorius 39 al lado de Julie Christie y Christopher Lee) y televisión (su premiadísima actuación en la adaptación de Emma), trabajos que le permiten una penetración lenta pero de calidad en la industria audiovisual, y en el imaginario de la gente. Porque ya la conocíamos antes de saberlo... Pueden ir Meryl Streep y Kate Winslet haciendo hueco en el podio, que llega Romola Garai.

lunes, 5 de septiembre de 2011

The Hour, la BBC sobre la BBC

SPOILERS de la primera temporada de The Hour

Los chicos de la BBC no se creen eso de que la sinceridad está sobrevalorada. Incluso para decir que la verdad no es tan importante como parece, los de la cadena pública británica cogen el toro por los cuernos. Y es que ni Mad Men ni Rubicon; The Hour es puro Todos los hombres del presidente y State of Play a lo televisivo. Y mucho más valiente es la tarea cuando se trata de destapar las luces y las sombras históricas de tus propios jefes. Que no despisten ni el macguffin político ni el macguffin retro, que ahora se lleva mucho (la sombra de Weiner es alargada); The Hour es una serie no tan clásica sobre periodistas enfrentados al poder, a las instituciones que les dan de comer, y a las consecuencias de la verdad sobre ellos mismos, que es mucho más posmoderno. La BBC utiliza The Hour para hablar de la BBC, y presumiendo de estatutos a lo Hormigas Blancas, destapa hasta lo menos políticamente correcto. Así sí que se trabaja a gusto.
 
Pero por algo dicen los maestros que la forma es también el contenido; entrecomillo aquí que The Hour no es ni Mad Men ni Rubicon. Es cierto que Abi Morgan, creadora de la serie británica, es especialmente acertada en echar mano de la trama conspiranoica a lo seventies y del contexto sociocultural de los años 50 para hablar de la impunidad en la corrupción del poder político y el inmovilismo instalado hasta en los medios de comunicación más modernos. Referencias genéricas como la extraña relación entre el suicidio de una joven y el misterio escondido tras un crucigrama de periódico; el triángulo emocional entre Bel, Hector y su mujer; o las dinámicas de poder entre el gobierno del Primer Ministro y la propia BBC (en las que las mujeres salen claramente perdiendo), son imprescindibles en la dramatización de una historia sobre investigación periodística en la que las convenciones sociales y políticas están muy presentes.


Tal combinación de fórmulas es precisamente lo que hace The Hour especial dentro de las ficciones sobre los logros del periodismo. The Hour evita caer en el idealismo clásico respecto a la figura del periodista y relativiza la importancia de su labor en momentos en que ser imparcial puede no ser lo más correcto. El último capítulo difícilmente podría echar más balones fuera cuando se le pregunta sobre la integridad: Clarence da luz verde a las trampas de Bel para difamar al gobierno, Hector abandona la emisión a fin de no significarse políticamente, y Freddie consigue cargarse el programa al destapar lo que se oculta tras el asesinato de su amiga Ruth. The Hour legitima la televisión como herramienta contra-política, reflexiona sobre la difusión de la verdad que puede llevar a la prohibición y a la censura y plantea la defensa del juego sucio cuando jugar limpio no sirve de nada. ¿Querrán decirnos algo sobre la BBC?