SPOILERS de la cuarta temporada de True Blood

Russell Edgington me dejó sin apetito de Bon Temps a mediados de la tercera entrega de la serie, un punto en el que Sookie y Bill habían dejado clara su incapacidad de seguir siendo adorables una temporada más y su carga empezó a recaer en unos secundarios al borde de la histeria; que tire la primera piedra a quien Tara no le saque de quicio. La cuarta etapa de True Blood decidió tirar por el mismo camino: se olvidó de los protagonistas y optó por dar importancia a ciertas tramas de relleno que son abandonadas a la mitad: ¿no acabó la relación entre Paquin y Moyer de forma demasiado sorpresiva? ¿Qué reflejo posterior tiene el encuentro entre Sookie y su abuelo? ¿Qué ha sido de Crystal y compañía? ¿Qué aporta el conflicto entre Sam y Tommy, y la muerte de éste?
Ante tal panorama, y habiendo visto ya que no se le pueden pedir peras al olmo, la season finale reflota la serie en uno de sus capítulos más maduros y simbólicos ever como premio de consolación por haber aguantado los desvaríos de Ball hasta el agotamiento de la fórmula. Una noche de Halloween muy bien traída rescata el aura trágica de los inicios para ayudar a los personajes a entender su soledad ("al final, todos estamos solos", confía el fantasma de Adele a Sookie momentos antes de que ésta decida continuar su camino sin los dos maromos); a resignarse a la condena personal (Sam se une a Luna sabiendo que “la vida es violenta y cruel por naturaleza”, Jason y Jessica aceptan su separación “momentánea”); y a afrontar alguna que otra dura despedida… Dejo para otra el post en el que me pregunto por qué sigo viéndola. True Blood ha vuelto a conquistarme.
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