Mostrando entradas con la etiqueta Apocalíptico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Apocalíptico. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de octubre de 2012

The Walking Dead y el cable definitivo

Lo de dar el brazo a torcer es algo complicado, por muy zombi que seas, y más en esto de la crítica. Sin embargo, hasta los más escépticos tienen que reconocer que The Walking Dead ha entrado en la madurez con buen pie. Los primeros capítulos de la tercera temporada retoman la oscuridad que se ha ido trabajando la serie entre cambios de guionistas y sustituciones de showrunner, y parece que finalmente los muertos vivientes de AMC encuentran el tono perfecto de rojo sangriento. Menos filosofía – que para algo están los monólogos de Emanda – y menos idealismo – véase The Newsroom – en pleno apocalipsis; la ficción ha puesto a Rick a dar hachazos en la cabeza a diestro y siniestro, que es lo que quieren los espectadores y lo que por defecto han acabado prefiriendo los especialistas. The Walking Dead, una serie con la que se ha sido excesivamente condescendiente, empieza a ser legitimada con argumentos de peso; no tanto por méritos propios – aún está a varios pasos de ser buena – sino por haber revolucionado la producción de las cadenas privadas de cable y haber dado la vuelta al rasero crítico con el que tradicionalmente se las ha medido.


Entertainment Weekly aprovechó hace unos días el record alcanzado por The Walking Dead al convertirse en el estreno más visto en la historia del cable y lanzó seis consejos de programación que sus competidoras deberían guardar como libro de cabecera. Los zombis de AMC inauguraron en 2010 una línea conceptual que después han adoptado otras ficciones del pago como Juego de Tronos, Homeland o American Horror Story. El pedagógico cable norteamericano abandona poco a poco la dialéctica HBO vs. Showtime (hombre muy maduro vs. mujer muy madura, si se prefiere) y busca ciertos nichos genéricos para una audiencia más joven y específica, quizá no siempre el público objetivo de estas cadenas, pero sí el que las consume en ventanas alternativas y las promociona en redes sociales. 

Estas plataformas, que antes eran un lugar libre de apreturas económicas con posibilidades para pausadas aventuras argumentales y formales (Los Soprano, Boardwalk Empire), el tratamiento de ciertas sintonías generacionales (A dos metros bajo tierra, Mad Men) o la reflexión sociopolítica (The Wire, Deadwood), producen ahora ficciones de puro género, en los que se combina el entretenimiento con fenómenos culturales a los que no les falta enjundia; Juego de tronos y las fórmulas de la literatura fantástica ante la corrupción del poder; Homeland como la visión conspiranoica de la juventud ante las instituciones post-11S; American Horror Story y los traumas sociales a través del terror heredado del cine occidental. 

AMC es en gran parte culpable de este golpe de Estado a la programación de las privadas, históricamente instalada en los despachos de la más conservadora HBO (que también dio su propio volantazo hacia la autoría joven con How to make it in America y ahora Girls), así como del cambio de rumbo del canon crítico hacia las series de primera división. En 2007, la cadena estrenó Mad Men, cuya legitimación aun se cuestiona a falta de un mayor respaldo en números, y se consagró a una audiencia más joven, con más influencia en círculos sociales y profesionales que de carácter económico. Como apunta Concepción Cascajosa en Guía de Mad Men, AMC se dedicó a un público nacido en los 70, con nostalgia de sixties a lo Don Draper, y criado por géneros tales como el thriller político (Rubicon), el apocalipsis zombi (The Walking Dead) y el criminal policiaco (The Killing), algunos muy mimados ahora por los expertos catódicos. Al igual que a la audiencia, ¿se puede pedagogizar a la crítica?

martes, 18 de octubre de 2011

The Walking Dead, a medio camino

Los zombis de la AMC no levantan cabeza. Es cierto que los de The Walking Dead también han tenido que sufrir los recortes por parte de los directivos del cable, al igual que les pasó a otras de las mejores ficciones de la cadena como Mad Men o Breaking Bad; sin embargo, el proyecto emprendido por Darabont ya chirriaba mucho antes del atraco a mano armada perpetrado por los ejecutivos. El cambio de guionistas a finales de 2010, la espantada del creador y ciertas decisiones incomprensibles de programación (primero seis capítulos, luego una premiere de una hora, meses después el resto de la temporada) no han hecho más que agravar un problema que la serie parece traer de fábrica: concepto y personajes. Y eso que el regreso de The Walking Dead dice todo lo contrario; la AMC se metió el domingo en el bolsillo con más de 7,3 millones de espectadores y una mejora respecto a la primera temporada. El proyecto conquistó en su pretensión de cultivar un género terrorífico muy potente y actual; sin embargo, es innegable que los walkers siempre se han arrastrado a medio gas.

Aún así, Glen Mazzara puede darse con un canto en los dientes, pues la premiere ha conseguido el respaldo de la audiencia haciendo honor a los mejores momentos de la primera temporada. El productor que ha pillado la silla de Darabont retoma la serie cuando los protagonistas abandonan definitivamente la ciudad de Atlanta hacia la base de Fort Benning; las primeras escenas, en que el grupo liderado por Rick es arrinconado por los zombis en una carretera comarcal, recuperan la tensión de los primeros capítulos y hacen olvidar algunos momentos de lo más what the fuck (el que distinga entre carne de marmota y carne de niña en el intestino de un zombi que levante la mano). Pero no sólo de entretenimiento viven los Grimes… Es el momento en que el guión se mete en harina de personajes cuando más notamos los pespuntes del producto; los problemas familiares se reducen a la pataleta de un niño; los de fe, hablando con la figura de un Cristo; y los de desesperanza, prohibiendo el suicidio. La originalidad de The Walking Dead termina en el maquillaje y las bocas abiertas, y la sutilidad brilla por su ausencia. 


Y es que es injusto que The Walking Dead hubiera ganado el premio al blockbuster de calidad mucho antes de su estreno. AMC, nueva creadora a lo HBO, y Darabont, curtido en pequeñas películas de grandes guiones, otorgaron al proyecto un crédito que han deslegitimado sus seis primeros capítulos. ¿Es The Walking Dead tan superficial en el retrato de protagonistas y en su discurso sobre la fe y la esperanza por su adhesión al cómic? Y ya que muchos críticos defienden que la versión audiovisual se diferenciara de la novela gráfica y profundizara en su vertiente de personajes, ¿por qué la serie no se desmarcó también en líneas de continuidad que habrían dado mucha vidilla, como retrasar el encuentro entre Rick y su familia, contar algo más de Morgan y su hijo, plantear un enemigo humano en aquel que abandonaron en el tejado, o indagar en las causas y situaciones del contagio? Conscientes ya de que The Walking Dead ha puesto tierra de por medio respecto de lo que muchos esperábamos de Darabont (una La carretera o una La niebla televisiva), la ficción debería abandonar las pretensiones y apostar por el entretenimiento. Mejor eso, con diferencia, que quedarse a medio camino.

martes, 9 de agosto de 2011

Popurrí apocalíptico

El apocalipsis está de capa caída. Aunque ya se sabe que a la industria audiovisual, lo de que las convenciones de un género estén más que agotadas, pues ni fu ni fa. Y ni fu ni fa también dijeron los encargados de estos proyectos a la hora de intentar aportar algo nuevo al rollo apocalíptico. Para muestra, un botón: Falling Skies. Qué cierto es aquello de que en materia cinematográfico-televisiva está todo inventado, y vale que el fin del mundo, sea la causa que sea, viene de antaño, incluso en la tele... Y si no que se lo digan a la Diana de V. No se puede ser más icono pop... Sin embargo, la última década ha dado buenos y grandes ejemplos de apocalipsis, que ponen el mito al día del espectador actual y convierten cualquier invasión marciana sin importancia en un tratado de Sartre.

La carretera de McCarthy abrió nuevos horizontes a esto del día del juicio (incluida la inmejorable adaptación cinematográfica de Hillcoat); Darabont convirtió el error militar de La niebla, de Stephen King, en un incisivo relato social, con revisión posmoderna de las doce plagas y todo; Battlestar Galactica es el referente apocalíptico entre los entendidos por hacer de la ciencia ficción catódica un ensayo con vocación global sobre las miserias de la Humanidad… Lo cierto sobre estos proyectos es que no inventan nada nuevo, pero utilizan lo viejo para hablar del medio ambiente, la eutanasia, las religiones y el genocidio. Posmodernidad a tope, vamos. Pero ya se sabe que en esto de los géneros televisivos, uno escribe y los demás cambian el nombre a los personajes.


Y Falling Skies es uno de esos últimos que se han subido al carro apocalíptico. Esta apuesta de TNT por los efectos especiales no hace más que repetir una y otra vez los esquemas de V, que debe su éxito a la versión ochentera y a Jane Badler de viejuna, exclusivamente, y de la que Falling Skies toma la trama de resistencia; de Outcasts, con esa falsa vocación de personajes a lo BBC, aunque a las dos se les ve pronto el plumero; de The Walking Dead, que ya era mediocre antes de la huida de Darabont, y de la que toma el relato coral... Y lo realmente curioso de todo esto, a la par que significativo, es que Falling Skies no pretende copiarse de ninguna de las anteriores; simplemente explota todos los tópicos generalistas que discurren en el interior de éstas, lo que es infinitamente más grave.