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martes, 28 de mayo de 2013

La promesa del musical


SPOILERS de la segunda temporada de Smash

Se esfuma la promesa del musical televisivo. La cortina ha caído definitivamente para Smash, el musical más musical hasta hoy, probablemente el musical más musical que veremos en la pequeña pantalla. La serie de NBC, el gran proyecto de la network de los últimos años, agarró el toro por los cuernos en lo que se refiere al género y se metió con Broadway, que para algo es la Meca del espectáculo en cuestión, convirtiéndose en una de las ficciones más meta. No solo en lo musical, también en lo televisivo; Smash pasó a vivir de su propio chiste, y no le ha venido mal a la hora de despedirse, sin meterse el dedo en la llaga ni tomarse demasiado en serio pero con respeto hacia lo que tenía entre manos. Y es que lo de Smash ha sido un canto de cisne que se llevaba afinando un tiempo; tras una primera temporada que no convenció a la audiencia, Josh Safran sustituyó a Theresa Rebeck y parcheó la ficción de tal forma que perdió a los indecisos y cabreó a gran parte de sus defensores incondicionales. Las decisiones que parecían necesarias, tomadas a partir de la crítica y el hatewatching, resultaron fallidas en una dinámica perversa. Smash estaba herida de muerte.

Separar a Ivy y Karen, desmarcarse de Bombshell y meterse en Hit List para quitarle culebrón al asunto y dedicarse exclusivamente a Broadway acabó con el discurso más interesante y meta de Smash; el de los dos reflejos opuestos de la fama, el de la ambición desmedida de Ivy y el de la humildad sobre seguro de Karen, a través de la rehabilitación de una figura que siempre se debatió entre ellos dos. Marilyn Monroe fue el alma de la serie para aquellos para los que los tropezones de Smash eran solo un peaje que se pagaba gustosamente con tal de no perderse los geniales números musicales de Bombshell, y que han sido sus últimos valedores. La 'popera' Hit List era el alivio necesario –dábamos por hecho que la ficción sería insostenible con un solo musical–, que acaba cuajando en los últimos capítulos, aunque no gracias a sus protagonistas. Jimmy y Kyle, los creadores de Hit List, han sido una de las malas decisiones de la segunda temporada, personajes arquetípicos interpretados por actores mediocres (por no hablar del fichaje desaprovechadísimo de Jennifer Hudson), que además comparten escena una y otra vez con la unigestual Katharine McPhee. Mientras tanto, las carismáticas Megan Hilty y Bombshell perdían protagonismo por defecto. 

La segunda temporada de Smash pone sobre la mesa de nuevo la efectividad de ese 'quiero y no puedo' de las networks para acercarse al cable con series más cuidadas y de menos capítulos, entre las que también ha fracasado The Following. La de NBC triunfa en lo visual y en las fórmulas del género pero no en lo dramático, en lo que roza el absurdo; la Smash de Josh Safran ha abierto tramas que cantan por innecesarias incluso en los tres últimos capítulos. ¿Debería haber cerrado otros conflictos como la reconciliación sin rematar de Karen y Ivy? ¿Nos dice algo el embarazo de Ivy o la relación de Tom con el actor supuestamente gay de cara a la finaleel showrunner afirmó en Entertaiment Weekly que la tercera temporada de Smash habría tirado por el musical de Hollywood– o es una puerta abierta ante una posible resurrección que no han cerrado? La recta final se marca además un Deus ex machina de libro que nos ha costado comprar y que, según explica Safran también en la entrevista, tenía preparado desde el principio. La muerte de Kyle causó tan nulo impacto emocional como la aportación anterior del personaje a la temporada, pero sirvió para remendar a las malas ciertos descosidos, y con eso nos hemos conformado a tales alturas de la película. 

La desaparición del joven dramaturgo reconcilió al equipo de Hit List, convirtió el musical en el nuevo fenómeno de Broadway, lo mandó directo a los Tony y nos regaló algunos últimos números dignos. Pese a que el Rent particular de Smash no provoca ni la mitad de simpatía que Bombshell, es innegable que ha ayudado a la serie a bordar esa parte de identificación del género que la hace irrepetible. Los momentos musicales protagonizados por Marilyn Monroe hablaron del duro camino a la fama con tanta claridad como Don't Let Me Know o The Love I Meant To Say, de Hit List, lo hacen sobre la tormentosa relación entre el bala perdida de Jimmy, Karen y Kyle. Esa autorreferencialidad se ha repetido de forma divertida en lo que respecta a la recepción de la serie por parte de la audiencia, sobre todo en la finale: Derek, Julia y Jimmy acaban enfrentándose a sus errores; Bombshell y Ivy baten a Hit List y Karen en los Tony en la ficción así como en la realidad Megan Hilty ha superado a Katharine McPhee en carisma; incluso Christian Borle, que interpreta a Tom Levitt, la gran estrella de la serie, dedica un guiño a la cámara. Smash no ha conseguido ser el musical definitivo que prometió, pero ha abierto un camino del género que será difícil volver a transitar.

viernes, 17 de mayo de 2013

Upfronts 2013. Otra vez la crisis de las networks


Finaliza la semana más loca de los upfronts norteamericanos tras mediáticas renovaciones, cancelaciones y apuestas que de momento solo sirven para llenar porras, de nuevo entre el moderado hype de los tráilers y el escepticismo de estar ante el aperitivo de otra temporada desastrosa. Otro año de upfronts que ni frío ni calor, otro año de networks cada vez más canceladas y poco a poco ausentes en los rankings especializados, incluso en las redes sociales; un panorama para cagarse de miedo ante el empuje de un cable siempre al día –a HBO, Showtime y AMC se suma una FX cada vez más aclamada– y nuevas plataformas con ojo para los bombazos seriéfilos –Netflix y sus House of Cards y Hemlock Grove–. Aún así, entre promo y promo de pilotos mainstream o más discretos, del blockbuster de SHIELD de ABC a la prometedora The Michael J. Fox Show de NBC, parece que la televisión en abierto ha decidido empollarse el cable y adaptarlo de nuevo a sus posibilidades. Entertainment Weekly publicó unos meses un decálogo de consejos de calidad, a partir de The Walking Dead, que las networks deberían aprenderse y que, a pesar de ser una selección particular, son bastante certeros a la hora de localizar los pilares de la nueva década de ficción. El peligro es, precisamente, tomárselo demasiado al pie de la letra.

Incluso la que acumula ratings más resultones se ha puesto las pilas. CBS, la estrella procedimental, de las clásicas CSI y NCIS a las actuales Elementary, Person of Interest y The Good Wife; la reina de las comedias, con imprescindibles como The Big Bang Theory y 2 Broke Girls, se la juega con un político más arriesgado –volvemos al decálogo de James Hibberd: más reales, más seriales, más pacientes, más valientes–, Hostages, la que parece su gran apuesta para 2013/2014. Aparca el otro gran proyecto, Intelligence, el regreso de Josh Holloway, en los formatos de tramas horizontales, que le han dado series muy longevas pero con gran desgaste y casi  invisibles ya en tops y redes sociales, de Dos hombres y medio a Cómo conocí a vuestra madre, cuyo último cartucho, el de la señora Mosby, ha conseguido reconciliarla con el fandom. Algo que ha resultado artificioso en Fox, quizá por haberse confiado demasiado en intentos revolucionarios como Terra Nova o la decepcionante The Following. Aún así, la network reducirá el número de episodios de algunas de sus series para darle baza a la serialidad. En la próxima temporada invocará el espíritu Fringe en Almost Human y confiará en las comedias: a New Girl y The Mindy Project, su cara más amable, se suman Us & Them y Brooklyn Nine-Nine, entre otras. 

Lo de NBC sí que es para echarla de comer aparte. El barco capitaneado por Bob Greenblatt, que pareció querer renovar la network tirando de su expertise en el cable de Showtime, lleva tiempo enviando señales de SOS. Los upfronts, que se han llevado por delante a series no del todo desastrosas como Go On, The New Normal o Smash (bueno, Smash sí fue desastrosa) pero no han dicho palabra sobre Hannibal, siembra nuevas dudas: las mediáticas Crossbones y Dracula y la prometedora The Michael J. Fox Show (¿su nueva 30 Rock?). ABC también remienda descosidos –nos hemos mondado de la risa, en el mal sentido, con sus grandes del año pasado, Revenge y Once Upon a Time– a base de efectos especiales que de momento no pasan de un buen tráiler, el de Marvel's Agents of SHIELD, tras una temporada en la que han sobrevivido pocas novatas, Nashville y The Neighbours. La misma línea tradicional, segura y sin grandes ambiciones, consagra también The CW, otra con buen tiento a la hora de programar y de la que se han salvado su ojito derecho, Arrow, y The Carrie Diaries. La network teen, que ya ha testeado The Originals, se arriesgará con el histórico adolescente en Reign y persevera en el fantástico con The Tomorrow People, The 100 y Star-Crossed. 

lunes, 29 de octubre de 2012

Mockingbird Lane; muertos antes de empezar

En una decisión whathefuckeante de NBC aprovechando que Halloween está a una calle de distancia, Mockingbird Lane vio la luz en la pequeña pantalla norteamericana el pasado viernes 26 de octubre. La finalmente fallida revisión de The Munsters se subió hace un año al carro de los revival catódicos con más o menos lógica y oportunidad; rescatar a Herman y Lily Munster 50 años después del éxito inicial y tras el desapercibidísimo reboot ochentero habría sido de los bastante absurdos si Bryan Fuller no apareciera en los créditos. El creador de Tan muertos como yo y la aclamada Pushing Daisies ha acabado consagrándose como un autor de culto en sus particularidades televisivo-burtonianas (yo te hago una comparación con dos de pipas), y el hecho de que se metiera en harina para la NBC concedió al proyecto la esperanza de un adaptación entrañable y una original puesta en forma, que ya es mucho pedir para los remakes actuales. Nuestro gozo de Munsters a lo Fuller, en un pozo.


Los constantes cambios de guión han llevado a la cadena a suspender el proyecto tras ver el piloto, aunque sí se ha animado a emitir el resultado final. Lo que en un primer momento pudo parecer un vacile de la NBC a los seguidores de Mockingbird Lane, título que finalmente recibió la ficción, ha acabado siendo una maniobra no tan descabellada pero poco efectiva. NBC ha dado una vuelta a la lógica de guardar en el cajón los pilotos rechazados aun a riesgo de dos peligrosos supuestos: que la serie fuera un éxito y dejara a los ejecutivos como nefastos programadores, o que fuera una humillación para los responsables ante la crítica especializada. Aun así, los del pavo real prefirieron satisfacer a los incondicionales de Fuller con el piloto de Mockingbird Lane como premio de consolación, hacer alarde de presupuesto, que para algo le ha salido por un pico, y además tantear a la audiencia de cara a una posible resucitación del proyecto en un futuro no muy lejano. Cosas más raras se han visto en esta casa.

Y al final, ni una cosa ni la otra. Mockingbird Lane se estrenó sin demasiado éxito pero sin cifras indecentes; eso sí, se le han acabado viendo las costuras al invento. Los nuevos Munster profundizan en la trayectoria de los veteranos, en la llegada de Herman (Jerry O’Connell), Lily (Portia de Rossi) y compañía a Mockingbird Heights, y retoman el espíritu de comedia familiar de la original. Fuller se atreve también con el que parece uno de los discursos de la temporada: la normalización de los hogares rarunos con eso del "You are a Munster, not a monster". El piloto se centra en la relación del pequeño Eddie, que es poco consciente de lo especial de sus progenitores y nada de su propia condición de hombre lobo, con sus mayores; una trama entrañable en un capítulo entretenido para la vista pero ciertamente simplón considering además que no va a poder crecer en temporada. Algo que ya es un gran  mérito para un proyecto que estaba, como los Munster, muerto antes de empezar. 

domingo, 20 de mayo de 2012

¿Por qué Smash no es tan mala?


SPOILERS de la season finale de Smash 

Smash ha acabado siendo cualquier cosa menos un exitazo. Pero ya se sabe que la papelera de la NBC está llena de buenas intenciones, y que sus promesas de ficción se cotizan actualmente como bono catódico basura. Vuelve a no resultar paradójico, en esta ocasión ni siquiera por el título, que una gran apuesta de NBC, a la que se ha dado una gran oportunidad publicitaria y en parrilla, y para la que se ha negociado el regreso de diosas televisivo-cinematográficas como Debra Messing o Anjelica Huston, se convierta en un despropósito de audiencias modestas y reviews peor que tibias. Sin embargo, muy a pesar de su ilógica narrativa y de personajes, Smash ha conseguido ser la más resultona de la midseason, lo que tampoco es decir mucho. Usadas sus armas de relato seriado con mayor o menor acierto, lo cierto es que la de la NBC sobresale como metareflexión posmoderna sobre un género al que la pequeña pantalla tenía que enfrentarse de una vez por todas tras el tangencial acercamiento de Glee. Smash es peaje obligatorio de camino al musical televisivo definitivo.

 
Para bien y para mal, es precisamente esa frontalidad en el abordaje de las formas musicales de Hollywood su orgullo y su vergüenza. ¿Qué hay más musicable que Broadway? ¿Qué hay más pop que Marilyn Monroe? ¿Qué hay más obvio que una rubia y una morena a guantazos entre bambalinas por un papel estelar? La veterana Theresa Rebeck (Catwoman, Policías de Nueva York) dramatiza en Smash la producción de un musical sobre la vida de Norma Jean, y consigue profundizar, consciente o inconscientemente, en la vertiente contemporánea de esa figura kitsch por excelencia y rehabilitar ciertas fórmulas del cine clásico y su reverso sobre las carteleras de Manhattan.

Tras décadas en que Monroe sólo ha servido para vender reproducciones baratas de Warhol y monederos en bazares chinos, Smash se atreve con su historia como un cuento menos maniqueo de lo que pueda parecer sobre la farándula norteamericana. Dos actrices, Ivy Lynn (Megan Hilty) y Karen Cartwright (Katharine McPhee), luchan por el papel protagonista sin saber que la trayectoria de ambas confluye, desde lugares aparentemente irreconciliables, en la malograda diva. Ivy, la veterana y ambiciosa rubia, como Marilyn Monroe, acaba relegada al coro y enganchada a las pastillas; la inocente y prometedora Karen, como Norma Jean, se convierte finalmente en la estrella del show, envidiada y sola, habiendo pagado el pato de su vida personal. 


En la misma línea, Smash es curiosamente actual en el tratamiento de ciertas convenciones narrativas sobre el espectáculo, como la enemistad entre lo económico y lo creativo, la homosexualidad en el arte, la envidia, la decadencia, el sexo y la infidelidad. Del cinismo y la contradicción nace lo contemporáneo, de los errores se muestra tanto la perversión como la expiación: Eileen (Huston), la productora, acaba dependiendo de su novio más joven para sacar adelante el proyecto; Derek (Jack Davenport), el director, acostumbrado a aprovecharse de las actrices, termina apostando por aquella a la que no se ha encalomado; Rebeca Duvall (Uma Thurman), la estrella, abandona por el bien del show; Julia (Messing), madre de familia infiel, recupera finalmente a su marido. Sin embargo, y pese a su enjundia (que la tiene) como ejemplar musical sobre la fama, el cliché rehabilitado de Smash es aún deficiente como relato televisivo, y puede resultar tan original como ridículo (yo soy más de Touch me que del momento Bollywood). Que se lo digan a Pan Am; darle la vuelta al kitsch de esta manera puede ser peligroso.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Manual de los perfectos 60

The Playboy Club es a Mad Men lo que James Cameron a una de Ford y, si me apuráis, lo mismo que Super 8 a E.T. Y sí, ya sé que Mad Men no ha inventado la ficción en los sesenta, pero es innegable que la de Weiner ha conseguido extraer lo más conflictivo de aquella época para hacernos pensar sobre la nuestra. Los chicos de la avenida Madison, además de ayudarnos a recuperar el tweed y las faldas de vuelo, quieren hablarnos de lo complicado que es querer ser moderno y tener en casa a tu mujer y dos niños (eso que los melodramáticos llaman conflicto entre razón y deseo); las conejitas de The Playboy Club se quedan a mitad de discurso.

Como Santos Zunzunegui hablaba a partir del Avatar de Cameron y el Fort Apache de John Ford, el de la nueva serie de la NBC es un problema de figura y fondo: unos usan las formas del relato para despistar respecto a lo que realmente cuentan (véase Mad Men y la de Ford), y otros copian las fórmulas para que parezca que dicen algo (las bunnies de Heffner y Cameron). Si creéis que el contexto sixties puede permitiros acceder a un conocimiento superior, ésta no es vuestra serie; pero si lo que os interesa es renovar el fondo de armario o tomar ideas en decoración de interior, The Playboy Club es el manual de los perfectos 60:


Historias bigger than life. Dícese de aquellas tramas heredadas del cine clásico a lo sueño americano con olor a maniqueo que tira pa’tras. Es más o menos lo que pretende decirnos la voz que pretende ser la de Hugh Hefner al final del primer capítulo por si no nos había quedado claro (la sutilidad en The Playboy Club brilla por su ausencia): el Chicago de los 60 es un sitio jodido, pero en la mansión Playboy puedes ser quien quieras ser (y por lo visto, también pretende hacernos creer que ser conejita es guay). Es la historia de Maureen (Amber Heard) y Carol-Lynne (Laura Benanti), que se calzaron las orejitas para prosperar en el mundo del espectáculo, y la de Nick Dalton (Eddie Cibrian), honrado opositor a fiscal que carga con problemas de autoestima tras haber trabajado para la mafia solventado a golpe de bragueta. Copia descarada de Don Draper, vamos.


Solidaridad histórica. A The Playboy Club le encanta ponerse del lado de los desfavorecidos… Pero que se sepa, eso sí. Por si alguno tenía dudas respecto a que ser mujer, negro y homosexual estaba muy mal visto por entonces, la NBC mata moscas a cañonazos. Es el caso de Dalton, al que no le importa que le miren mal por reinvindicar la causa racial; Carol-Lynne, que quiere defender la ambición laboral femenina a base de ser una cerda con sus compañeras; o el del marido de Kate, que organiza reuniones de apoyo a los homosexuales en su casa después de ponerle los cuernos a su mujer con otro chico. Donde Mad Men sugiere, The Playboy Club subraya, y ya en el piloto, no vaya a ser que la cancelación le impida explayarse.


Hiperrealismo sixties. En The Playboy Club habrá mucho mafioso, pero también unos áticos de escándalo. Y es que no hay quien se crea que el Chicago de la época era tan aséptico… La serie potencia una ambientación tan perfecta y elegante que da grima en lo que parece una vocación de hiperrealismo de lo que estos chicos han oído que se llevaba en los 60. Un hiperrealismo alejado del de Roma o Spartacus y más cerca de una peli porno con contexto histórico. Canta su excesiva preocupación por la apariencia; dicho de otra manera, y sin connotaciones guarrunas (de hecho, sexo hay más bien poco, lo que es más increíble aún), The Playboy Club es pura pornografía de lo sixties.

miércoles, 15 de junio de 2011

El efecto Mad Men

Ni siquiera la perseverancia de Matthew Weiner, excesiva en ocasiones, ha logrado que los astros catódicos se alineen para que podamos disfrutar de Mad Men antes de 2012… Y más de un año y medio desde la emisión de la season finale de la cuarta temporada hasta el previsto comienzo de la quinta es mucho síndrome de abstinencia. Aunque parece que algunos proyectos anunciados en las upfronts de mayo quieren aliviar nuestro mono para después del verano... Puede que no recuperemos a Don Draper ni a Peggy Olson, pero con Pan Am (ABC) y The Playboy Club (NBC) vamos a tener dosis de sixties para rato. Algunos estarán encantados con el sucedáneo, y otros dirán de antemano que estas ficciones de consolación son incomparables al premio gordo, y con razón.

La serie que dio el bombazo en la AMC a mediados de 2007 es mucho más que nostalgia sesentera. Puede que debamos agradecer a su estreno el poder lucir otra vez corbatas estrechas, raya en el pelo y vestidos a lo Jackie Kennedy, pero Mad Men va más allá de lo aparente. Ambientada en plenos 60, los chicos de Sterling & Cooper nos demostraron que lo cortés no quita lo valiente. Son “hombres locos” por trabajar en la empresa epicéntrica de la vanguardia creativa en publicidad, sí, pero no pueden escapar al inmovilismo político, social y cultural instalado incluso en los despachos más modernos de Madison Avenue. Y es que los protagonistas de Mad Men ya querrían para sí la libertad de la que hacen gala en la oficina…

No me equivoco al decir que Mad Men es la ficción más alabada desde Los Soprano, y es curioso que compartan showrunner; Weiner ha reinventado a Tony y Carmela en Don y Betty Drapper. Él, desertor de Corea convertido en el creativo publicitario del momento siempre entre la espada y la pared, entre su mujer y las demás, entre el oficio y el vicio; ella, enferma del síndrome housewife a la que se le acaba viendo el plumero harta de esperar a que su marido vuelva del curro… Y es que no hay revolución de los 60 que valga: Mad Men es un espejo en el que se reflejan aquellos a los que todavía hoy les cuesta decidir entre lo que tienen y lo que desean, que son muchos…


Por todo esto parece que The Playboy Club y Pan Am lo tienen muy chungo... Véase Los hermanos Donnelly tras Los Soprano; puedes tener un gran guión para emular a los grandes, pero tienes que decir algo más que ellos. Mad Men es única por hablar de lo actual a través de una época de tradición y conflicto, y las que le sigan tendrán que cambiar de tercio… Quizá por eso Pan Am parece querer actualizar el contexto de moda con tintes de soap-opera, y The Playboy Club a través de la intriga criminal, y confiemos en que sean capaces de alumbrar algo nuevo y rompedor… Porque ya se sabe que un traje de franela gris y un par de peep toes no hacen a Mad Men.

miércoles, 8 de junio de 2011

Razones por las que se me atraganta Love Bites

Love Bites ha comenzado con muy mal pie... Y no me refiero al estreno, ni tampoco al momento en que a alguien se le ocurrió la idea de producirla (soy tan dañino, pero no tanto)... Lo cierto es que la nueva comedia de la NBC ha tardado más de un año en llegar a las pantallas, desde las upfronts del año pasado. Debido al embarazo de Becki Newton y el abandono de la actriz Jordana Spiro, ambas protagonistas de la serie, y a la apretada agenda personal de la productora Cindy Chupack (Sexo en Nueva York), la llegada a pantallas no se ha producido hasta el pasado 2 de junio, con unas cifras de audiencia bastante decepcionantes… Y es que parece que nadie da un duro por Love Bites. Y con razón(es)…

1. Mis tweets sobre el piloto de la serie

Love Bites 01x01 Dios, y todavía quedan tres cuartos de hora por delante...
Love Bites 01x01 En serio, ¿todavía quedan 35 minutos para que acabe?
Love Bites 01x01 ¿Hola? ¿Quedan 25 minutos?
Love Bites 01x01 Guay, ya sólo quedan 10 minutos...
2. Becki Newton y compañía

Love Bites es sinceramente encomiable en su intento de refrescar los estereotipos de la comedia romántica, no sólo televisiva, sino también en ciertas referencias televisivas muy positivas…. Pero no lo consigue. El primer obstáculo: los personajes protagonistas. Becki Newton (Betty), principal atractivo promocional de la serie, pretende ser tierna y afable, pero no cuaja en su papel ni de lejos, y su amiga es directamente insoportable. Lo mejor: Greg Grunberg, que se nos presenta como un gañán pero acaba resultando muy simpático. Lo más mejor: Jennifer Love Hewitt en su cameo… que yo también tengo mis momentos teen, ¿vale?

3. El rollo babel-amoroso

Uno de los elementos originales de la serie es la combinación de diferentes relatos de amor. Esta estrategia de Love Bites, muy de moda en el cine de hace unos años, parece querer transgredir la estructura de la comedia a través del relato global o “generacional”. Pero nada más lejos de la realidad; además de que las tres historias están cargadas de clichés poco realistas acerca de las relaciones sentimentales y el sexo, es el espectador el que debe decir si una serie es representativa de algo, no el productor o guionista.
4. Música pop y cámara lenta 

Como es de esperar, Love Bites recurre a la planificación audiovisual empleada por el 90% de las series del target. Parece claro que la serie quiere innovar poco en este aspecto: desde el montaje rápido e irónico para aligerar el tono y otorgarle comicidad hasta las composiciones pop y slow motion en escenas especialmente intensas…, como besos y eso… Yo ya lo he visto muchas veces en Gossip Girl, y es la única disfrutable y simpática en tal bizarrismo. Teniendo a Black Lively, ¿para qué voy a ver a Becki?

5. Refranero popular televisivo

Es muy desesperanzador que a estas alturas del juego catódico los guiones televisivos rebosen tópicos mil veces criticados y que han llevado a la ruina a otras series. Situaciones un tanto absurdas y nada graciosas como la de la chica que se inventa que es virgen para ligar en una discoteca o la del novio que se informa sobre vibradores para satisfacer a su chica... Puede que Love Bites esté dirigida a un público adolescente-juvenil, pero… ¿de verdad pensáis que queremos más de lo mismo?