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viernes, 17 de mayo de 2013

Upfronts 2013. Otra vez la crisis de las networks


Finaliza la semana más loca de los upfronts norteamericanos tras mediáticas renovaciones, cancelaciones y apuestas que de momento solo sirven para llenar porras, de nuevo entre el moderado hype de los tráilers y el escepticismo de estar ante el aperitivo de otra temporada desastrosa. Otro año de upfronts que ni frío ni calor, otro año de networks cada vez más canceladas y poco a poco ausentes en los rankings especializados, incluso en las redes sociales; un panorama para cagarse de miedo ante el empuje de un cable siempre al día –a HBO, Showtime y AMC se suma una FX cada vez más aclamada– y nuevas plataformas con ojo para los bombazos seriéfilos –Netflix y sus House of Cards y Hemlock Grove–. Aún así, entre promo y promo de pilotos mainstream o más discretos, del blockbuster de SHIELD de ABC a la prometedora The Michael J. Fox Show de NBC, parece que la televisión en abierto ha decidido empollarse el cable y adaptarlo de nuevo a sus posibilidades. Entertainment Weekly publicó unos meses un decálogo de consejos de calidad, a partir de The Walking Dead, que las networks deberían aprenderse y que, a pesar de ser una selección particular, son bastante certeros a la hora de localizar los pilares de la nueva década de ficción. El peligro es, precisamente, tomárselo demasiado al pie de la letra.

Incluso la que acumula ratings más resultones se ha puesto las pilas. CBS, la estrella procedimental, de las clásicas CSI y NCIS a las actuales Elementary, Person of Interest y The Good Wife; la reina de las comedias, con imprescindibles como The Big Bang Theory y 2 Broke Girls, se la juega con un político más arriesgado –volvemos al decálogo de James Hibberd: más reales, más seriales, más pacientes, más valientes–, Hostages, la que parece su gran apuesta para 2013/2014. Aparca el otro gran proyecto, Intelligence, el regreso de Josh Holloway, en los formatos de tramas horizontales, que le han dado series muy longevas pero con gran desgaste y casi  invisibles ya en tops y redes sociales, de Dos hombres y medio a Cómo conocí a vuestra madre, cuyo último cartucho, el de la señora Mosby, ha conseguido reconciliarla con el fandom. Algo que ha resultado artificioso en Fox, quizá por haberse confiado demasiado en intentos revolucionarios como Terra Nova o la decepcionante The Following. Aún así, la network reducirá el número de episodios de algunas de sus series para darle baza a la serialidad. En la próxima temporada invocará el espíritu Fringe en Almost Human y confiará en las comedias: a New Girl y The Mindy Project, su cara más amable, se suman Us & Them y Brooklyn Nine-Nine, entre otras. 

Lo de NBC sí que es para echarla de comer aparte. El barco capitaneado por Bob Greenblatt, que pareció querer renovar la network tirando de su expertise en el cable de Showtime, lleva tiempo enviando señales de SOS. Los upfronts, que se han llevado por delante a series no del todo desastrosas como Go On, The New Normal o Smash (bueno, Smash sí fue desastrosa) pero no han dicho palabra sobre Hannibal, siembra nuevas dudas: las mediáticas Crossbones y Dracula y la prometedora The Michael J. Fox Show (¿su nueva 30 Rock?). ABC también remienda descosidos –nos hemos mondado de la risa, en el mal sentido, con sus grandes del año pasado, Revenge y Once Upon a Time– a base de efectos especiales que de momento no pasan de un buen tráiler, el de Marvel's Agents of SHIELD, tras una temporada en la que han sobrevivido pocas novatas, Nashville y The Neighbours. La misma línea tradicional, segura y sin grandes ambiciones, consagra también The CW, otra con buen tiento a la hora de programar y de la que se han salvado su ojito derecho, Arrow, y The Carrie Diaries. La network teen, que ya ha testeado The Originals, se arriesgará con el histórico adolescente en Reign y persevera en el fantástico con The Tomorrow People, The 100 y Star-Crossed. 

viernes, 26 de agosto de 2011

Fringe y The Good Wife; más y mejor

Fringe y The Good Wife son mi debilidad. Y aunque a veces me ciegue mi amor incondicional hacia determinados productos televisivos (vaya por delante que fui fan de Cinco en familia y Motivos personales), me congratulo en mi buen criterio cuando se me ponen los pelos de punta con Olivia Dunham y Alicia Florrick. Y es que ambas tienen en común más de lo que parece, y no hablo sólo de provocar ataques de freakismo extremo ante su regreso otoñal. Además de tener un planteamiento sencillo pero muy novedoso, un desarrollo lento y muy sólido, y dar el pelotazo argumental y formal en sus respectivas últimas temporadas, son las series con la defensa más potente y efectiva entre su nicho de audiencia y las más aclamadas por la crítica televisiva durante el pasado año. Y la cosa no queda ahí: Fringe y The Good Wife son la vanguardia catódica actual y marcan el paso de la nueva ficción televisiva. No me diréis que no tengo visión de futuro…

Si hay una excusa perfecta para afrontar de buena gana el final del verano es saber qué coño ha sido de Peter Bishop. La tercera entrega de Fringe fue su consagración como paradigma contemporáneo de la ciencia-ficción televisiva, y regresa a la parrilla de Fox el 23 de septiembre en una de las premiere estrella de la temporada. Aunque no podemos negar los antecedentes que llevan a ella (desde Expediente X a Lost pasando por Alias), y teniendo en cuenta que la sombra de J. J. Abrams es alargada, sí podemos afirmar que la serie ha logrado sacudirse el sambenito de artefacto vacío a base de solidez en el desarrollo de tramas y en la coherencia de personajes. Fringe no se sube al carro del apocalipsis terrorista; exprime las convenciones de lo paranormal para actualizar lo que sabemos de destino, identidad y amor. Una tragedia que ya les gustaría a los griegos, vamos.



Decir que un procedimental de abogados se ha convertido en La red social de la tele parece de coña, pero los que la hemos visto en pañales podemos dar fe de su estirón de infarto. La segunda temporada de The Good Wife fue el baile de fin de curso de Alicia Florrick; la esposa del fiscal nos hizo ojitos en los primeros capítulos hasta conseguir que la animáramos a echar una canita al aire con su jefe. El drama legal del matrimonio King, con su sincero y adictivo tono de soap-opera por delante, ha revolucionado el tribunal mostrando las horas más bajas de la justicia y la política yanqui, con mucha Blackberry y mucho Facebook de fondo. El 25 de septiembre The Good Wife salta a los domingos de la CBS; queremos más carnaza, y mejor… sobre todo después de haber visto a la susodicha en lencería.

jueves, 26 de mayo de 2011

The Chicago Code y la receta del género

A Shawn Ryan se le ha cortado la mayonesa. Y es que las series de género requieren una mezcla muy precisa en un panorama televisivo tan saturado como el de hoy. Los géneros catódicos siguen muy muy vivos, pues aunque no convenzan del todo a la crítica, son los más agradecidos para el público, que en su mayoría prefiere lo “malo” conocido a lo bueno por conocer. El productor estadounidense, consagrado por la aclamada The Shield, ha tenido en cuenta la receta para su nuevo acercamiento al drama policiaco, The Chicago Code; debes tratar las convenciones genéricas con una perspectiva original para destacar sobre el resto, pero si te pasas de innovador, luego te llaman moderna. The Chicago Code, estrenada por Fox a principios de febrero, ha sido una digna actualización de la mitología policial televisiva, con buenas referencias, buenos personajes y líneas de continuidad interesantes. Lo bueno de esto es que entretiene seguro. Lo malo, que nadie se muere por verla. Resultado: cancelación en la primera temporada.

Y eso que la serie tiene una jefa de policía de Chicago (Jennifer Beals – la prota de Flashdance pistola en mano a sus casi cincuenta años es un visionado imprescindible) muy justa y a la que no le da miedo dar un par de guantazos, que deja su vida personal a un lado por su trabajo; un concejal corrupto, malo muy malo, pero con mucho carisma; una familia honrada de policías, los Wisocky, a los que amenaza la sombra de la corrupción (tema tratado en otra serie de género actual, Blue Bloods); el infiltrado a punto de ser descubierto, incluso los compañeros de patrulla que terminan a partir un piñón (sí, también hay mucho de buddy film, de Alma letal a Dos policías rebeldes) o acaban enamorándose.

The Chicago Code tiene todos los ingredientes para que se les haga la boca agua a los incondicionales del género. Pero son los momentos en que la serie huye de lo estrictamente policiaco cuando sobresale como un ejemplar sui generis; The Chicago Code guarda la genialidad en su propio título. Apuesta por un enfoque localista chicago-castizo que lo aleja de la mitomanía de las ficciones policíacas y lo acerca a lo realmente oscuro de una ciudad. Mientras otras series intentan salvar al mundo del terrorismo, cliché en el que caen hasta los dramas policiacos más planos (es muy duro que Los hombres de Paco pretendan evitar atentados cuasi mundiales), Shawn Ryan se sale por la tangente.

The Chicago Code elige un lugar representativo, cultiva visualmente su propia intrahistoria (esos flashbacks a lo The Black Donellys aportan cierto respaldo cultural a la serie) y se centra en la institucionalización de la corrupción (Ryan revitaliza el género en su acercamiento argumental a The Wire o Los Soprano), algo que ocurre hasta en las ciudades que salen por la tele. Además, la serie actualiza sus estereotipos con un enfoque de raza y género: el jefe de policía es una mujer, y mestiza, al igual que gran parte de su equipo, el político poderoso es negro, la pareja sentimental es interracial… Son este tipo de detalles socioculturales los que ponen a punto cualquier producto para el espectador de hoy en día.


Sin embargo, han sido las pequeñas cargas genéricas las que han llevado a la serie a la cancelación. La conclusividad de cada episodio lastra el desarrollo de los personajes, que son lo realmente atractivo de The Chicago Code, como la soledad de Teresa Colvin o la relación de Wisocky con su prometida y su ex mujer, y de las líneas de continuidad; el hecho de que en cada capítulo resuelvan cada caso provoca que el bando enemigo, encabezado por el concejal, quede siempre desdibujado. El panorama televisivo de los últimos años, pensando en CSI: Las Vegas respecto al género policiaco, True Blood al fantástico o The Good Wife al legal, ha demostrado que son precisamente esas pequeñas violentaciones de lo tradicional las que hacen que una ficción sea recordada por ir a la vanguardia del género... Y The Chicago Code tiene demasiado de tradicional.

domingo, 8 de mayo de 2011

Fringe es del 'sentimental type'

SPOILERS de la tercera temporada de Fringe

Todo seriéfilo que se precie debe tener a Fringe en lo alto de su top five, y a Olivia Dunham en su corazón, por supuesto. La tercera temporada de Fringe ha consagrado la serie de J. J. Abrams como una de las imprescindibles del panorama televisivo actual, y para los seguidores de la división más weird del FBI, una de las mejores de la década. Es innegable que la última season de Fringe ha sido la puesta de largo de la que muchos califican como la nueva Star Trek. Hasta los más entregados a Olivia, Peter, Walter y Astrid (y a sus homólogos over there) deben reconocer sus reservas en los inicios de la serie, hacia un género, el de la ciencia-ficción, siempre sometido al juicio de los incondicionales (desde el principio Fringe tuvo el sambenito de ser la versión 2000 de Expediente X), y desagradecido para el espectador más incrédulo. Sin embargo, el que la producción de la Fox se tomara su tiempo en pedirnos la mano, tras un piloto de los largos (uno de los más caros de la historia) y tres temporada de 23 capítulos, es hoy la gran virtud de la serie. Y es que a estas alturas de la película queda claro que amar a Fringe no es cosa de una noche.


Una de las mejores cosas que ha podido pasarle a Olivia y compañía es que Walternate nos haya declarado la guerra; aunque esta tercera temporada ha sido un ejemplo magistral de cómo una serie puede generar tensión dramática y acción en cada capítulo (muchos nos quedamos sin uñas hasta que la Dunham buena se quitó el tinte pelirrojo - por no hablar de la renovación -), hemos descubierto que los de Fringe son del sentimental type. Y eso es porque la ciencia-ficción habla más del presente, de nosotros mismos, que de las batallas del futuro, aunque lo haga a través de ellas; lo que realmente nos ha ganado de Fringe han sido sus personajes y sus relaciones, su lado emocional, que a más de uno nos ha dejado con el nudo en la garganta. Porque al final, como dice la profecía de Sam Weiss, el destino de la humanidad depende del amor de Peter hacia una Olivia u otra. Hay que reconocer que el desarrollo de la última temporada no tiene nada que envidiar a cualquier melodrama de Sirk o tragedia de Shakespeare.

Desde la decisión de Walter de sacrificar a su hijo para enmendar sus propios errores, hasta la revelación de Walternate como un malo no tan malo (¿se puede tener peor suerte? Te roban a tu hijo y encima tu mundo se hunde), pasando por el enchochamiento de Fauxlivia, con embarazo no deseado incluido. Eso sí, la gran protagonista de esta temporada ha sido Olivia. Aunque tuvimos ciertos problemas para entrar en ella durante dos temporadas (que no amarla), este personaje se ha revelado como uno de los más carismáticos de la pequeña pantalla (¡Emmy para Anna Torv ya!).

Por fin, para Olivia, todo cobra sentido; desde las habilidades derivadas de los experimentos que sufrió de niña, y que tantos quebraderos de cabeza le han dado, hasta la aceptación de que es la única capaz de remediar el jaleo inter-universal. Sin embargo, el proceso de Olivia ha sido sobre todo interior; tienes que reconocer tus más y tus menos (pasando por aceptar que tu enemiga es igual que tú, pero más sexy y más maja) para poder querer sin condiciones… y de paso salvar el mundo. Yo lo tengo claro: si me dan a elegir entre la Ofelia de Hamlet y la Olivia de Fringe, me quedo con Olivia.