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lunes, 28 de octubre de 2013

Hitting the Fan, la Boda Roja de The Good Wife


SPOILERS de Hitting the Fan, de la quinta temporada de The Good Wife

Es muy complicado hablar de The Good Wife sin repetirse. Se ha convertido en una de esas series que los haters de lo best seller, que todos lo somos un poco de vez en cuando, se niegan a ver como castigo al hype, aunque conozco a pocos que se hayan arrepentido de darle una oportunidad. Aún así, The Good Wife no es inmune a las críticas; es cierto que peca en ocasiones de tramposa y de dar el golpe en la mesa en los últimos capítulos para salvar a su protagonista, Alicia Florrick, a la que en estos cinco años otros personajes han ido adelantando en el top ten de féminas arriesgadas. Sin embargo, es imperdonable no decir que es la mejor serie que se emite ahora en abierto, tan entretenida como inteligente, o al menos la mejor para los que queremos disfrutar tanto como flipar con maravillas de guión y dirección. Por fin se ha estrenado Hitting the Fan, el capítulo al que los talifanes de The Good Wife llevamos meses refiriéndonos como la Boda Roja (fue a Graham Phillips, que interpreta a Zach Florrick, al que se le ocurrió la mediática comparación), un episodio especialmente memorable dentro de esos dos de cada tres episodios memorables que nos da la serie. La Boda Roja de The Good Wife pondrá de acuerdo a apocalípticos e integrados: estrategias políticas, dilemas morales y Alicia Florrick, de nuevo, entre la espada y la pared. 

Hitting the Fan, expresión con la que los norteamericanos se acercan a eso de 'arder Troya', comienza cuando Diane informa a Will de que Cary y Alicia planean formar su propio bufete con sus mejores clientes. Y efectivamente, Troya ardió con una de las escenas más potentes de la serie, en la que Will destroza el escritorio de la Florrick antes de echarle en cara su traición. Éste será el punto de partido de las maniobras de guión de los King, que escriben el capítulo (dirige James Whitmore, otro incondicional), 42 minutos de enfrentamientos y giros políticos que marcan también un hito en el desarrollo del personaje de Julianna Margulies. La mujer del Gobernador de Illinois, víctima del quiero y no puedo entre sus propios deseos, sus deberes y sus ambiciones, aceptó abandonar Lockhart & Gardner para alejarse de Will y apostar por su renovado matrimonio, pero también para dejar de ser la moneda de cambio de jefes. Alicia saldrá de la compañía por la puerta de atrás, entre la humillación y la culpa que subyace a la traición de la que lleva siendo consciente varias semanas (el dilema explota en el ascensor, espacio simbólico que ahora ocupa ella sola), pero pronto se levanta para luchar por su futuro. "Vamos a por vosotros, a por todos vuestros clientes, todos por los que trabajamos hasta que llegabais para llevaros el mérito", amenaza Alicia a Will y Diane, y para ello será capaz de hacer la vista gorda sobre las trampas de Peter.

No diréis que Alicia Florrick no es cada vez más una versión femenina y light de Walter White. La abogada consigue arrastrarnos en su dilema moral: no dejamos de ver a Diane y Will como sus valedores y sentir morriña por los ratos felices, sobre todo los de cama, pero no es menos cierto que la mujer del político corrupto fue siempre el comodín de Lockhart & Gardner. En esto también mete The Good Wife su pullita de actualidad: cómo las grandes empresas manipulan a sus trabajadores en época de crisis (acordémonos de los tejemanejes de la cuarta temporada) y cómo, esta vez, las hormiguitas dan el golpe de Estado. Lo bueno es que hay más Hitting the Fan por venir, pues sus consecuencias serán tan adrenalíticas como el capítulo en sí. ¿Qué será de Diane, que parece quedarse sin su puesto en el Tribunal Supremo? ¿Será capaz Will de filtrar el pucherazo de las elecciones a Gobernador ahora que Alicia también es su enemiga? ¿Dará Alicia la espalda a Peter cuando se entere del tongo? ¿Habrá reconciliación en esa Tensión Sexual No Resuelta por excelencia? ¿Ejercerá Kalinda de doble agente, se mojará por Lockhart & Gardner o por Florrick & Agos? ¿Conseguirán entenderse los 'nuevos' Will y Diane? Si todo sigue como hasta ahora, la respuesta a las preguntas serán más puntos para Michelle y Robert King. Yo que soy muy de comparar me quedo con ellos como los nuevos John Ford y Douglas Sirk de la tele, que te meten un buen polvo (y también mucho de crítica política) en pleno prime time de la CBS. Con elipsis lateral, eso sí, que son muy elegantes.

viernes, 17 de mayo de 2013

Upfronts 2013. Otra vez la crisis de las networks


Finaliza la semana más loca de los upfronts norteamericanos tras mediáticas renovaciones, cancelaciones y apuestas que de momento solo sirven para llenar porras, de nuevo entre el moderado hype de los tráilers y el escepticismo de estar ante el aperitivo de otra temporada desastrosa. Otro año de upfronts que ni frío ni calor, otro año de networks cada vez más canceladas y poco a poco ausentes en los rankings especializados, incluso en las redes sociales; un panorama para cagarse de miedo ante el empuje de un cable siempre al día –a HBO, Showtime y AMC se suma una FX cada vez más aclamada– y nuevas plataformas con ojo para los bombazos seriéfilos –Netflix y sus House of Cards y Hemlock Grove–. Aún así, entre promo y promo de pilotos mainstream o más discretos, del blockbuster de SHIELD de ABC a la prometedora The Michael J. Fox Show de NBC, parece que la televisión en abierto ha decidido empollarse el cable y adaptarlo de nuevo a sus posibilidades. Entertainment Weekly publicó unos meses un decálogo de consejos de calidad, a partir de The Walking Dead, que las networks deberían aprenderse y que, a pesar de ser una selección particular, son bastante certeros a la hora de localizar los pilares de la nueva década de ficción. El peligro es, precisamente, tomárselo demasiado al pie de la letra.

Incluso la que acumula ratings más resultones se ha puesto las pilas. CBS, la estrella procedimental, de las clásicas CSI y NCIS a las actuales Elementary, Person of Interest y The Good Wife; la reina de las comedias, con imprescindibles como The Big Bang Theory y 2 Broke Girls, se la juega con un político más arriesgado –volvemos al decálogo de James Hibberd: más reales, más seriales, más pacientes, más valientes–, Hostages, la que parece su gran apuesta para 2013/2014. Aparca el otro gran proyecto, Intelligence, el regreso de Josh Holloway, en los formatos de tramas horizontales, que le han dado series muy longevas pero con gran desgaste y casi  invisibles ya en tops y redes sociales, de Dos hombres y medio a Cómo conocí a vuestra madre, cuyo último cartucho, el de la señora Mosby, ha conseguido reconciliarla con el fandom. Algo que ha resultado artificioso en Fox, quizá por haberse confiado demasiado en intentos revolucionarios como Terra Nova o la decepcionante The Following. Aún así, la network reducirá el número de episodios de algunas de sus series para darle baza a la serialidad. En la próxima temporada invocará el espíritu Fringe en Almost Human y confiará en las comedias: a New Girl y The Mindy Project, su cara más amable, se suman Us & Them y Brooklyn Nine-Nine, entre otras. 

Lo de NBC sí que es para echarla de comer aparte. El barco capitaneado por Bob Greenblatt, que pareció querer renovar la network tirando de su expertise en el cable de Showtime, lleva tiempo enviando señales de SOS. Los upfronts, que se han llevado por delante a series no del todo desastrosas como Go On, The New Normal o Smash (bueno, Smash sí fue desastrosa) pero no han dicho palabra sobre Hannibal, siembra nuevas dudas: las mediáticas Crossbones y Dracula y la prometedora The Michael J. Fox Show (¿su nueva 30 Rock?). ABC también remienda descosidos –nos hemos mondado de la risa, en el mal sentido, con sus grandes del año pasado, Revenge y Once Upon a Time– a base de efectos especiales que de momento no pasan de un buen tráiler, el de Marvel's Agents of SHIELD, tras una temporada en la que han sobrevivido pocas novatas, Nashville y The Neighbours. La misma línea tradicional, segura y sin grandes ambiciones, consagra también The CW, otra con buen tiento a la hora de programar y de la que se han salvado su ojito derecho, Arrow, y The Carrie Diaries. La network teen, que ya ha testeado The Originals, se arriesgará con el histórico adolescente en Reign y persevera en el fantástico con The Tomorrow People, The 100 y Star-Crossed. 

miércoles, 2 de mayo de 2012

Welcome back, Alicia

SPOILERS de la season finale de The Good Wife

El de Alicia Florrick ha sido un viaje de ida y vuelta, pues no parece ser cosa fácil eso de “reescribir el pasado”. Lo cierto es que muchos, sorprendidos tras verla en ascensores y habitaciones de hotel a comienzos de temporada, preferimos a la Alicia frente al espejo y sobre el felpudo de bienvenida, símbolos de un ‘quiero y no puedo’ entre el éxito y la mala suerte; la superación, la inseguridad y la soledad. La perturbadora season premiere, con un personaje protagonista reseteado desde el cinismo, la picardía y el resentimiento, ni siquiera consiguió engañarnos durante 40 minutos. No te dejes seducir por el Don’t let the name fool you de la tramposa tercera vuelta de tuerca de los King: es imposible que Alicia se mimetice en las descorazonadoras dinámicas legales y políticas que protagonizan The Good Wife. De hecho, Alicia Florrick es la única capaz de dar algo de calor en los fríos despachos de Chicago.

Tan polémica como la premiere ha sido la finale de la temporada; acostumbrados como nos tiene la estrella de la CBS a últimos episodios a lo cliffhanger whathefuckeante o a lo happy ending momentáneo, la tercera se ha marchado con las manos en la masa todavía. Kalinda frente a la puerta pistola en mano, Diane con el despacho patas arriba, Will en pleno retiro laboral y demás relaciones a medias en el hall del ascensor, The Good Wife deja la puerta entreabierta, con más ganas de reflexión que de la contundencia con la que se despidió en la segunda temporada. La revolución de Closing Arguments, que dio lugar a una de las mejores escenas de la serie, se ha quedado a medio camino, y mucho mejor para nosotros. La Alicia post Florrick, en ropa interior, con flequillo y melena ondulada, pudo convencernos de que se había pulido como mujer ambiciosa y segura de sí misma, pero nunca de que se fuera a dejar llevar por el rencor, el egoísmo y la irresponsabilidad como madre. 


Ni siquiera pudo hacernos confiar en su intención de reescribir el pasado. La figura del antiguo hogar de los Florrick ha consagrado las mejores imágenes de la ficción más allá de las enrevesadas y brillantes líneas procedimentales que nos dejan boquiabiertos en cada capítulo. El intento de Alicia de volver a la casa familiar y empezar de cero como mujer casi soltera rescata la vertiente serial de la protagonista que nos enamoró ya en el primer capítulo. El deambular del personaje de la Margullies por esos pasillos y habitaciones mientras se solapan en su mente los recuerdos de su matrimonio y la infancia de sus hijos, heridas todavía abiertas, aporta una densidad emocional que ya les gustaría a muchos ejemplares del drama cinematográfico. Y no en vano el camino de ida y vuelta que Alicia emprende en la última temporada termina en la puerta de ese hogar, ocupado por su marido, mientras sus pasos se debaten entre la oscura soledad del exterior o el felpudo que le da la bienvenida.   

martes, 27 de septiembre de 2011

The New Wife

SPOILERS de la season premiere de la tercera temporada de The Good Wife

“Está siendo usted un poco dura. Sí, y sólo estoy empezando”. Así es como se las gasta Alicia Florrick después de deshacerse de su marido y haber entrado al juego sucio de Chicago por la puerta grande en su tercera premiere. Y efectivamente parece ser sólo el principio… Closing Arguments nos dejó con un palmo de narices, y que el regreso superara las expectativas estaba más que complicado, pero los King se han vuelto a marcar un órdago en calidad televisiva y en amor del florrickero incondicional. Desde su estreno en 2009, The Good Wife se tomó en serio lo de "vísteme despacio que tengo prisa", solicitando tímidamente la atención del público, y en pocos meses se convirtió en la niña de los ojos de la crítica. Dos años después es la CBS quien permite a la serie darnos en el inicio de su tercera temporada lo que los seguidores pedimos a gritos: mucha Alicia, mucha Kalinda, mucho Eli… y hasta un poquito de sexo.

¡Y que no nos lo quisiéramos creer cuando empezamos a ver a Alicia Florrick en lencería…! Nos daba miedo el cambio, pero hay que reconocer que aunque The Good Wife da una nueva vuelta de tuerca a los personajes, la serie sigue fiel a la línea política que tantas alegrías nos dio en la segunda temporada. A New Day comienza con un caso de odio entre musulmanes y judíos en una semana en que los titulares vuelven a hablar de Oriente Próximo… Ni hecho aposta. Más allá de la vertiente de personajes que hace de The Good Wife un drama legal muy adictivo por lo poco usual, la CBS ha convertido Lockhart & Gardner en el reflejo institucional y social imprescindible en la parrilla, y por ello a la propia ficción en el pilar de calidad de la cadena… Como ya hizo con Facebook y Strauss-Khan, The Good Wife es perturbadoramente real en mostrar cómo se resuelve en los tribunales el conflicto de lo público. 

Y es que Alicia también ha aprendido a medirse con los más tramposos delante del juez… No esperábamos una transformación tan completa, tan coherente con el personaje ni con la serie misma. Para el público era impensable dejar atrás la imagen de la Alicia bonachona que cede y espera, pero The Good Wife se lo ha montado muy bien en su regreso. La prota ha salido del jaleo emocional en que se encontraba y ahora destroza a diestro y siniestro por un caso, pero siempre en defensa de la verdad; confía y se dedica a sí misma, pero siempre después de atender a su familia… Alicia demuestra haber dejado de lado el resentimiento y el dolor que la manejaban (es ella quien ahora parece querer salvar su relación con Kalinda), y es por ello que la resurrección es tan radical y creíble para el espectador. Pero también es una mujer que duda; su imagen en el espejo momentos antes de meter a su nuevo novio en el apartamento familiar es más que sintomática. Como nosotros, Alicia se ha mareado en el trayecto, pero tenemos toda una temporada por delante para que nos encante el cambio.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Person of Interest; intrigas post 11-S

Con expectativas como la generada por Person of Interest, ver la tele cada vez se parece más a ir al cine. A la espera de los presuntos taquillazos televisivos de Terra Nova y Alcatraz, el proyecto de J. J. Abrams es el primer blockbuster catódico en asomarse a la nueva temporada. Y con semejante respaldo, la CBS ha tirado la casa por la ventana… Como para ganar premios y ponerse a la altura de las privadas ya tiene The Good Wife, la network se ha rascado el bolsillo y, por lo que parece, tiene confianza en recoger la pasta que ha sembrado para la ocasión; Person of Interest se enfrentará a huesos como Bones, The Office o Anatomía de Grey en el prime time de los jueves a partir de hoy. Y la verdad es que no se sabe muy bien por dónde va a salir el invento… Con Minority Report, Flashforward y un poco de Rubicon como ingredientes televisivos básicos, Person of Interest es una bomba de relojería.

Lo cierto es que con Jonathan Nolan (El Caballero Oscuro) al guión y Michael Emerson (Perdidos) y Jim Caviezel (La pasión de Cristo) delante de las cámaras, la CBS tiene la mitad del camino hecho en cuanto a audiencia se refiere. Conscientes de la ventaja, el piloto de Person of Interest se olvida de contexto y personajes y se mete en harina desde el primer minuto; John Reese, militar retirado y de incógnito, es contratado por Finch, antiguo empleado del gobierno, para salvar a posibles víctimas de asesinato a partir de su número de la seguridad social. Desde este punto la serie prioriza la acción, deja a los protagonistas para después (la historia oculta tras Finch es interesante, pero Reese resulta ciertamente plano) y se reserva estrategias poco sutiles por si en un futuro le interesa retomar líneas de continuidad (los flashbacks sobre la mujer de Reese, ñoños y manidos). Y es que si hacemos caso del primer capítulo, Person of Interest es un procedimental de intriga muy episódico, sencillo y entretenido por el momento. Ni más ni menos.


Lo curioso es que, aunque probablemente ni lo sepa, Person of Interest es un ejemplar paradigmático respecto a la ficción post 11-S. Podemos decir que Los Soprano, El ala oeste de la Casa Blanca o Battlestar Galactica (y si nos ponemos pejigueros, todas las series norteamericanas) son parte del discurso político-social sobre la era del terror en Estados Unidos, pero es cierto que la nueva serie de la CBS no puede negar pertenecer al género particular nacido directamente de los atentados. Al igual que el cine vivió la regresión a ciertas temáticas sobre la conspiración global y la paranoia preventiva (la misma Minority Report, la trilogía Bourne, etc.), productos televisivos como Flashforward, Rubicon o Person of Interest (estas dos últimas con la presencia constante del skyline indefenso del Manhattan económico) profundizan en el miedo colectivo y las estrategias abusivas de defensa. ¿Parece que no hay mucho más que rascar en Person of Interest? Pues acordaos de Fringe.

viernes, 26 de agosto de 2011

Fringe y The Good Wife; más y mejor

Fringe y The Good Wife son mi debilidad. Y aunque a veces me ciegue mi amor incondicional hacia determinados productos televisivos (vaya por delante que fui fan de Cinco en familia y Motivos personales), me congratulo en mi buen criterio cuando se me ponen los pelos de punta con Olivia Dunham y Alicia Florrick. Y es que ambas tienen en común más de lo que parece, y no hablo sólo de provocar ataques de freakismo extremo ante su regreso otoñal. Además de tener un planteamiento sencillo pero muy novedoso, un desarrollo lento y muy sólido, y dar el pelotazo argumental y formal en sus respectivas últimas temporadas, son las series con la defensa más potente y efectiva entre su nicho de audiencia y las más aclamadas por la crítica televisiva durante el pasado año. Y la cosa no queda ahí: Fringe y The Good Wife son la vanguardia catódica actual y marcan el paso de la nueva ficción televisiva. No me diréis que no tengo visión de futuro…

Si hay una excusa perfecta para afrontar de buena gana el final del verano es saber qué coño ha sido de Peter Bishop. La tercera entrega de Fringe fue su consagración como paradigma contemporáneo de la ciencia-ficción televisiva, y regresa a la parrilla de Fox el 23 de septiembre en una de las premiere estrella de la temporada. Aunque no podemos negar los antecedentes que llevan a ella (desde Expediente X a Lost pasando por Alias), y teniendo en cuenta que la sombra de J. J. Abrams es alargada, sí podemos afirmar que la serie ha logrado sacudirse el sambenito de artefacto vacío a base de solidez en el desarrollo de tramas y en la coherencia de personajes. Fringe no se sube al carro del apocalipsis terrorista; exprime las convenciones de lo paranormal para actualizar lo que sabemos de destino, identidad y amor. Una tragedia que ya les gustaría a los griegos, vamos.



Decir que un procedimental de abogados se ha convertido en La red social de la tele parece de coña, pero los que la hemos visto en pañales podemos dar fe de su estirón de infarto. La segunda temporada de The Good Wife fue el baile de fin de curso de Alicia Florrick; la esposa del fiscal nos hizo ojitos en los primeros capítulos hasta conseguir que la animáramos a echar una canita al aire con su jefe. El drama legal del matrimonio King, con su sincero y adictivo tono de soap-opera por delante, ha revolucionado el tribunal mostrando las horas más bajas de la justicia y la política yanqui, con mucha Blackberry y mucho Facebook de fondo. El 25 de septiembre The Good Wife salta a los domingos de la CBS; queremos más carnaza, y mejor… sobre todo después de haber visto a la susodicha en lencería.

lunes, 23 de mayo de 2011

Para revolución, 'The Good Wife'

SPOILERS de la segunda temporada de The Good Wife

Sí, la segunda temporada de The Good Wife merece dos entradas en el blog. Y así seguidas, en plan maratón. Porque lo de esta serie es de campeonato; comparte el podio con Fringe en ser la ficción con el fenómeno fandom más contundente de la televisión actual, teniendo en cuenta sus pobres datos de audiencia. Puede que los florrickeros seamos un pequeño nicho televidente, pero ya se sabe que la especialización favorece la competitividad. Y es que la ascensión de The Good Wife desde su primer capítulo ha sido orgásmica. Ha pasado de ser un procedimental de abogados muy innovador y con un desarrollo de personajes inquebrantable a un drama polifacético sobre la justicia y la política más realista imposible. Eso sí, con toques de soap-opera elegantísima…, porque es la Tensión Sexual No Resuelta entre Alicia y Will lo que más nos pone de todo.


La segunda temporada de The Good Wife ha perfeccionado el descenso de Alicia a los sótanos más sucios de Chicago. Si la primera temporada presentó el conflicto de la protagonista entre lo personal y lo laboral, entre la vida familiar y la justicia, no sólo en los casos de Lockhart & Gardner, sino también en los procesos judiciales de Peter, su season finale ya avanzó la importancia de la política en la segunda entrega de la serie. La entrada de Eli Gold para salvar el culo a Alicia y la rueda de prensa que nos dejó con el corazón en un puño fueron los primeros síntomas de que la Florrick, como dijo Diane en el capítulo del último martes, se convertiría en “el puente entre lo legal y lo político” de lo más granado de Chicago, con intromisiones en su vida privada incluido, por supuesto. Y lo que nos queda: los conflictos en la relación personal y laboral de Will y Alicia, con Peter Florrick como fiscal cabreado de por medio, darán mucho que hablar en la tercera.

Precisamente el conflicto entre lo público o político y lo privado ha sido desde el principio el puntal de la ficción; The Good Wife tiene una miga muy melodramática - el conflicto entre el deber familiar, laboral, o político, y el propio deseo, viene de muy lejos - camuflada tras la apariencia de un drama light de abogados. Ese collage de géneros y perspectivas hace que la serie, al igual que otros dramas legales como Damages y Silk, lance una de las reflexiones más perfectas sobre las dinámicas reales del poder, la justicia y lo personal. No es casual que el desencadenante de The Good Wife fuera la dimisión real de un político corrupto estadounidense acompañado de su esposa, así como que los casos de Lockhart & Gardner tengan un referente directo con la realidad, desde el caso Facebook a Strauss-Kahn.


Sin embargo, todo lo que de político tiene que decir The Good Wife se quedaría en nada si no fuera el relato televisivo mejor desarrollado y más entretenido de hoy en día. Porque, para qué engañarnos, lo que más nos interesa es lo que le pasa a los personajes. Y respecto a eso, la segunda temporada ha sido de infarto. Si en la primera vimos cómo Alicia se maleaba poco a poco al contacto con los demás, habiendo estado dedicada solamente a su familia durante años, en los últimos 23 capítulos han sido el resto de protagonistas los que se han transformado gracias a ella.

Desde Cary, al que la envidia hacia Alicia ha convertido en uno de sus principales enemigos y ha acabado pasándose definitivamente al bando de los malos; Peter, que casi logró convencernos de su conversión en uno de los buenos por el “amor” a su mujer; Eli, que es ahora un hombre comprensivo y con un punto débil (que vuelva America Ferrara, por favor); Will, que en la season finale dejó de lado los tejemanejes judiciales y se ha convertido en un hombre “familiar” y enamorado, a Kalinda, que reniega totalmente de su pasado - y que en el último capítulo empieza a recelar de sus affaires con casados/as - tras haber fallado a su mejor amiga.

Y es que, para revolución, Alicia Florrick. Porque lo de que es buena esposa es mentira, y con razón. Desde que le salió mal “el plan” con Will a principios de temporada, Alicia se ha debatido constantemente entre su jefe, que encima va y se echa novia, y Peter, que parecía no haber roto un plato en su vida. Y es a Kalinda (al final hasta la prota va a tener que agradecerle haber sido "la querida") a quién debemos la transformación final de Alicia en esa última escena, en una mujer que abandona el “deber” y se deja llevar por el “deseo”… Y es que The Good Wife tiene mucho de soap-opera o melodrama…, pero de momento con un happy ending por todo lo alto.

viernes, 20 de mayo de 2011

El 'good timing' de Alicia y Will

SPOILERS de la season finale de The Good Wife

Lo que ha conseguido The Good Wife sólo lo hacen las grandes series (muy pocas), y los clásicos cinematográficos. Nada de Mundial de fútbol o Boda Real. El evento televisivo de la última temporada ha sido la season finale de The Good Wife, y ya no por su fenómeno fan o la expectación que ha creado (porque aunque la serie de Alicia Florrick no sea una de la más vistas, sí es la más comentada y admirada en las redes sociales), sino por lo “importante”, lo que discurre dentro de ella. Como las grandes películas, vamos, pero ésta se emite todas las semanas por la tele. Muchos han traído a colación del último capítulo de la temporada lo mejor del planteamiento audiovisual de la serie, incluso hemos pasado a considerarla un "clásico contemporáneo" y a compararla con Wong Kar-wai. Y es que lo que parece descabellado para cualquier otra serie le sienta como anillo al dedo a The Good Wife.

Y sí, cuando el río suena, agua lleva. La última escena de la season finale es un milagro de la dirección de guión y actores. Es cierto que la autoría en televisión es un concepto devaluado; la unidad estilística es difícilmente adaptable a los productos televisivos que, por lo general, reniegan de la consagración artística a favor de la continuidad, y caen en manos de multitud de realizadores. Sería más fácil para una serie de género destacar por un enfoque formalista y autoral (Boardwalk Empire y Mildred Pierce son claros paradigmas televisivos del cine negro o el melodrama); sin embargo, la mayoría de ficciones actuales huyen de la adscripción genérica; The Good Wife, entre ellas, opta por una visión multiformal de la realidad, poliédrica (desde el procedimental de abogados hasta el drama político y familiar o la soap-opera), que la hace mucho más contemporánea.




Sin embargo, ya sea fruto del azar o de la conjunción de los planetas, The Good Wife ha mantenido en cada capítulo un sorprendente equilibrio entre lo que argumentalmente exige la historia y su puesta en escena, desde la primera escena del piloto, ya comentada en el blog, hasta la última filmada. La escena del ascensor es perfecta para concluir la temporada, la transformación de Alicia en una mujer que desea y actúa en consecuencia y Will en un hombre que deja de lado las mentiras piadosas del bufete para dar a conocer su “verdadero yo”. Robert King, como buen director catódico, ha sabido dilatar al máximo el momento y manejar el bad timing de la pareja tan magistralmente como lo ha hecho su equipo durante dos años de programa; el continuo abrir y cerrar de puertas, la llave de la habitación que no funciona y la cámara que se aleja. Y lo ha hecho como los grandes; permitiendo un deleite en el visionado que hace The Good Wife perfectamente comparable a Douglas Sirk o Wong Kar-wai. Sin duda, serán durante mucho tiempo los mejores tres minutos de la televisión.